snow

03 marzo 2012

Un cuento corto: All Around Me

All around Me


Por: A. E.  

-dios mío –murmuró, antes de doblar con desesperación la hoja de papel.
Guardó sus cosas y salió rápidamente del aula vacía con aroma a maderas finas, tenía las mejillas sonrosadas y una maldición en la punta de la lengua, no quería sonreír, si sonreía, podría verse halagado, ese dios mío no había sido suficiente. Las cartas empeoraban cada vez…
No sabía quién se las enviaba, pero sabía lo que quería.
-¿te pasa algo, Ethan? –Dijo su hermano, al verlo llegar tan alterado.
-no –la voz de Ethan salió chillona y graciosa.
Jimmy sonrió.
-heh, sé que algo pasa y tienes qué hablar, Ethan, soy curioso como un gato, no te vas a poder callar todo para siempre.
-por supuesto que sí –dijo Ethan, esquivando a su hermano mayor con pasos rápidos.
Esta clase de distracciones no iban a llevarlo a ningún lado, cuando llegara a casa, sacaría todas esas cartas y las quemaría en el asador, sí, eso haría, no conservaría más distracciones, si hubiera tenido novia cuando era adolescente no habría terminado de estudiar tan joven, apenas saliendo trabajando en una preparatoria de paga religiosa para señoritas.
Y qué señoritas…


Su departamento olía a limpieza y a su colonia, Lestat maulló desde la mesa del comedor, Ethan se acercó y le acarició la cabecita blanca, revisó su plato y luego caminó hacia su habitación. Se hincó en el suelo frente a su cama y sacó la caja de zapatos que contenía alrededor de sesenta cartas anónimas que aparecían en su escritorio a horas después de clases, y a veces por la mañana, dos veces por semana, a veces más. Durante ocho meses. Resopló, ¿por qué las guardaba?
Debía quemarlas, y debía quemarlas ya.


*****


Eran ya ocho meses, nunca había durado enamorada de alguien tanto tiempo… tal vez es como dijo Delilah, no es la manera correcta. debo hacer que me conozca.


Lo amo tanto.


-a, así es suficiente –dijo Ben, alejándose de mí un poco, sacando su miembro de mi boca.
-¿qué?
-menos dientes la próxima vez –dijo, en voz baja, con las mejillas rosadas.
-lo siento –dije, mirando hacia abajo-, estaba distraída.
-sí, como sea.


Suspiré.


-toma tu dinero –dijo, extendiendo hacia mí los billetes, sin mirarme.


Los tomé y me levanté mientras él se acomodaba el pantalón. Metí el dinero en mi sostén.
Salí del cubículo y me lavé las manos, puse agua en mi boca y la escupí y rehice mi coleta.
Ben salió tras de mí, revisando cautelosamente el pasillo.


-puedes salirte por la parte de atrás, ya sabes –le dije, mirando mis dientes-, así es más seguro que no te atraparán.
-no necesito que me digas por donde salir –dijo Ben, enojado.


Salió del baño, como siempre esperé a que se fuera, que tomara esa balsa improvisada que usan los de la academia Stevenson, o el atajo entre los árboles hacia el agujero en el muro. Lo que sea, ellos no me importaban. Sólo necesitaba el dinero para reparar una imagen de San judas que rompí la semana pasada por ser una torpe.
Sólo había alguien que cubría mi mente completamente, su voz, sus ojos, sus, manos manchadas de tiza, todo en él me volvía loca.
Pero él jamás se fijaría en mi… él es un genio, él es… alguien que yo no debería desear con tantas fuerzas.




*****


Ocho meses antes.


Su primera clase impartida a un grupo de sólo muchachas. Pudo haberle rogado a su hermano por entrar a una escuela donde hubiera varones pero éste era su primer puesto y no podía darse el lujo de rechazar.
Así que se arregló lo mejor que pudo y después de familiarizarse, comenzó con su trabajo en el colegio interno para señoritas.
Intentó no mirarlas, pero era imposible, dado que esas chicas tenían tanto tiempo sin ver un muchacho que lo miraban con los ojos abiertos, muy abiertos, a veces susurraban entre sí, otras veces no… eso ponía más nervioso a Ethan.
-b-buenos días –dijo Ethan, parpadeando.
Se escucharon algunas risitas.


Si su primer día no fue el mejor, después de escuchar a su hermano (entró a una de sus clases para acostumbrarse un poco y tomar algunos consejos), aprendió que no vale la pena mirarlas mucho, tampoco, escuchar lo que digan a menos que sea una pregunta importante. Su hermano tenía mucha seguridad y eso a Ethan le molestaba porque sabía que jamás iba a tener tanta, porque no tenía tantas bolas.
-Jimmy –dijo un muchacho bien acicalado de ojos verde olivo. Verde olvido.
-gracias, Frank –Jimmy tomó los libros que su asistente le ofrecía.
Ethan lo miró por unos momentos
-hola –le dijo Frank, con una sonrisa nerviosa.
Siempre había sido un muchacho tímido. Ethan miró a ambos alejarse.


Todas lo miraban al entrar, de arriba abajo, escudriñaban el nudo de su corbata, la hebilla de su cinto… Jimmy le dijo que eso pasará a diario, y que es normal para un montón de adolescentes obligadas a rezar el rosario a diario.
Como si eso calmara los nervios de Ethan, sólo sabía que era normal, había una explicación perfectamente científica. Hormonas. Ethan tenía miedo de que un día se saliera todo de control.
Una de esas primeras mañanas, antes de que las alumnas entraran en el aula, encontró una nota sobre su escritorio.
Tal vez era del director…o de Jimmy. Aunque era improbable, porque acababa de ver a ambos.
Era una hoja de papel de cuaderno arrancada.
“ya Ethan, deja de ser un cobarde, abre la nota, ¿qué puede tener de malo?”, pensó.
Desdobló la hoja y leyó de pie.
«Usted ha cautivado mis ojos, los ha hecho mirar desde otra perspectiva y DESEAR lo que sé, tal vez jamás podré tener: a usted»
La mandíbula de Ethan cayó y miró alrededor de él, esperando que fuera una broma de Jimmy para tranquilizarlo, pero no, sólo había una “xo” al final, ninguna firma, nada.


*****
Sus ojos… eran tan… inocentes. Algo tan real no lo había visto en toda mi vida. Él era joven, y era hermoso. Lo deseaba, y quería acercarme a él pero era difícil con tantas zorras de mi grupo observándolo en el comedor.
Sé que soy suficientemente atrevida como para ponerme de pie e ir a comer con él. Pero no lo suficientemente estúpida para hacerlo. Todas se me irían encima. Él era el nuevo juguete… pero no creo que nadie estuviera tan cautivada por él como lo estaba yo, porque cuando el otro profesor, su hermano, llegó, era igual, hasta que perdió ese encanto, ahora sólo las atrae pero ya no es una carrera en contra de todas por ver quién se acerca más a él.
¿Por qué tienen que traer a profesores tan guapos?
Sorbí de mi pajilla con delicadeza, mirándolo de reojo, él estaba tan nervioso que sólo se atrevía a mover su emparedado de lugar en la charola. Me pregunto cuánto aguantará.
-tú también, ¿eh, Lizzie? –Dijo Delilah, sonriendo con picardía.
La reté con mis ojos verdes, sonriendo, ella tenía también esa sonrisa de tiburón que me daba miedo y me encantaba al mismo tiempo, con el flequillo negro sobre la ceja y el par de ojos azules escudriñando mi expresión desde detrás de sus anteojos. Ella era irresistible y se había colgado al asistente del profesor.
-¿yo también qué?
-lo quieres… en tu cama –dijo Delilah, sonriendo.
-igual que todas, claro –dije en un suspiro.
-lo podemos compartir –dijo ella, chupando una paleta de cereza que sacó de su bolsillo.
Sonreí, mirando hacia otro lado.
Jamás compartiría algo como él con ella, ni con nadie. Él era especial.




Dos meses después.
*****
«Cuando veo sus labios imagino a los míos probándolos, sintiendo su calor y el sabor de su dulce, dulce piel. Quisiera que me arrancara la ropa, que me tomara como a usted más se le antoje, que acariciara todo mi cuerpo con sus manos y me dejara sin aliento… lo deseo con todas mis ganas»
Ethan se cubría el rostro con un libro al leer la nota. Tanto como lo sorprendería… esas notas tenían algo que lo hacía querer leerlas… recibía cada semana dos, pero, no sabía si decirle a alguien… no, sería mejor mantener el secreto, su hermano se burlaría de él y le diría que no le tomara importancia. De seguro a él también le habían enviado muchas.
No. No haría caso. Haría como que no recibo nada…
*****
Regina, la estúpida rubia que me cae mal [como supongo todos tienen una rubia que les cae mal], me puso cinta adhesiva en el cabello, me la quité, sin hacer mucho caso, ella no sabe lo que hago por su novio adorado todas los sábados cuando viene a mí con dinero y un condón.
Así que seguí escribiendo lo que sentía, dejando a mi imaginación flotar entre las suaves nubes de los pensamientos que me inspiraba el profesor Kath.




Diez meses después
*****
«Oh, profesor, en este momento en que usted lee mi última carta, yo meto mi mano dentro de mi ropa interior, y mientras me acaricio, pienso en sus suaves labios, y en su rosada lengua deslizándose por toda mi intimidad, haciéndome gemir de placer, me mojo los labios, es tan dulce pensar en usted, un ensueño suave »
No lo aguantó…
Ethan saco la caja, la llevó al estudio de su hermano y la puso frente a él.
-¿qué? –Dijo Jimmy, curioso.
-es lo… lo que me ha estado manteniendo, distraído el último año…
-¿distraído? –Dijo Jimmy, sonriendo-, pero si eres el tipo más serio y aburrido del mundo…
-por favor, Jimmy, no me hagas la espera más larga, y sólo dime que a ti también te pasa.
-veamos –dijo él, quitando la tapa de la caja.
Eran muchas notas, revueltas dentro, como un mar de palabras.
Tomó una, y la desdobló.
«Mi felicidad depende de pensar cosas sucias relacionadas con usted, ya no aguanto más este secreto doloroso, quisiera que mordiera mi pecho y me hiciera gritar de placer…»
-o-oh –dijo Jimmy, sonriendo.
-sí, eso dije yo –dijo Ethan, con mirada nerviosa.
-éstas chicas locas… ¿no puedes identificar la letra?
-no –dijo Ethan-, esa es letra de molde, y todas mis alumnas usan caligrafía cursiva.
-oh, bueno –dijo Jimmy, sonriendo-, ¿por qué no te agrada? Tienes una admiradora secreta.
-es muy perturbador –dijo Ethan-, sabes que a mí nunca me han gustado esas… cosas. Sólo quiero saber quién es para pedirle que no lo haga más.
-relájate, el curso ya casi acaba… y no lo sé, tal vez ella se revele por sí sola. Aparte ya pasó mucho tiempo. Tal vez ella cree que ya te gusta.
-pero no es así.
-conservaste las notas.
-pero… no, Jimmy… por favor, deja de decir esas cosas. Las voy a quemar.
-¿pero por qué? Son lindas… y son la prueba de que por primera vez una chica se sintió atraída hacia ti.
-¡pero no quiero verlas!
-está bien –dijo Jimmy-, consérvalas, tu alumnas toman historia del arte conmigo… así que, yo descubriré quien haya sido, ¿bien?
-bien… pero, no reveles nada del asunto.
-¿crees que soy idiota?
-quiero creer que no –dijo Ethan.
Jimmy sonrió.
*****
El profesor Kath, el otro profesor Kath, el que no abría mis ojos de encanto, nos sonrió mientras nos pedía un reporte.
-con letra de molde, claro y legible… por favor.
Lo escribí en silencio, cubriendo con mi libro mi cuaderno de notas. Ya casi terminaba mi última obra para al fin entregarla.
*****
Mientras las chicas hacían una lectura en silencio, Ethan observó detenidamente al grupo. Una de ellas no estaba leyendo… estaba escribiendo. La observó despistadamente, como si no lo estuviera haciendo. Ella levantaba la vista de vez en cuando hacia él.
Esa delgada pelirroja de ojos verdes que escribía era la de las cartas, la que tenía boca pequeña, la de las manos delicadas. Ella era… Elizabeth, su apellido comenzaba con V pero no lo recordaba. La hija de un político inglés lo deseaba con fuerza.
Era bonita.
Ethan se permitió una pequeña sonrisa. Se subió los anteojos y volvió a su acostumbrada cara de póker.
Fue al baño, se metió en uno de los cubículos, con una de las cartas en la mano, la que había recibido en la mañana, la que decía que deseaba tenerlo dentro de ella. Ahora podía ponerle un rostro a la voz en su cabeza. Sonrió.
*****
Me miró en el pasillo, mi corazón se detuvo y nuestras miradas se juntaron por unos momentos, jugué a la chica misteriosa y seguí mi camino, dejando que me viera por detrás, con mi larga coleta roja balanceándose de un lado al otro.
Delilah me alcanzo en el pasillo. Tenía aliento a tabaco.
-te revolcaste con tu novio, ¿no? –Le dije, sin mirarla.
-sí –dijo riendo-, pero últimamente sólo me lo quiere hacer por atrás y ya casi no puedo caminar.
La miré.
-¿y qué?
-no lo sé… está un poco raro, pero así es mi Frank, por eso lo amo.
-¿lo amas? –dije, burlonamente-, tú no sabes lo que es amor.
-y tú si, claro –dijo con su vocecita-, el único amante constante que has tenido en tu vida ha sido tu papi.
-cállate, Delilah –dije con dolor. Odiaba que bromeara al respecto de eso.
-a ver si algún día maduras.
-dormir con un solo chico no te vuelve madura.
Delilah rio sardónicamente. Se quedó callada unos momentos, mirándome a los ojos.
-anda, bésame.
La miré con enojo.
-¿qué diría tu novio si nos ve? –Le pregunté seria.
-se le pararía.
Me tomó de los hombros y me pegó contra la pared, poniendo sus labios sobre los míos, la besé también, sintiendo su lengua deslizarse por dentro de mi boca, buscando la mía. Ahí comencé a pensar en él, comencé a pensar en mi profesor, como si él me estuviera besando y puse la mano de Delilah sobre uno de mis pechos para sentir como si él me tocara, con mis ojos cerrados.
Cuando nos soltamos, nos miramos fijamente, ella sonrió con su grande y blanca dentadura, y miré con tristeza el rostro de él desenfocándose y volviéndose el de mi mejor amiga. Me solté de sus manos y caminé lejos.
-¿vas a tu lugar feliz? –Escuché que dijo antes de dar la vuelta por el pasillo.
Caminé hasta las duchas, y comencé a quitarme la ropa.
Escuché un ruido. Pero el lugar estaba solitario excepto por mí.
Colgué mi toalla afuera y me metí a la ducha, sintiendo el agua tibia cayendo sobre mi cuerpo. Me toqué pensando en él, ya empapada en agua y pensamientos, me recargué en la pared de la ducha, con mis ojos cerrados y dedos de mis pies torcidos hacia dentro, era placentero imaginarlo conmigo.
*****
Ahora que sabía quién era la misteriosa chica que le enviaba esas cartas. Tal vez era hora de que intentara ser un poco más como Jimmy y menos un comelibros.
Caminó rápidamente por el pasillo, sin que la vieran las monjas de mal carácter, y llegó a las duchas.
Ella estaba dentro, él la había visto en camino… así que entró, y nervioso se sentó en una de las bancas mientras el lugar se llenaba de vapor, se recargó y abrió la boca de sorpresa escuchándola gemir tras la delgada puerta frente al cubículo donde se duchaba con agua caliente.
Cerró los ojos, y recargó la cabeza en la pared, mordiéndose el labio.
-debo estar loco –se dijo.
Se puso de pie y decidió salir de las duchas de señoritas.
-¿profesor Kath? –Escuchó una dulce voz detrás de sí.
Ethan abrió los ojos de par en par.
Se dio la vuelta. Liz lo miraba curiosa, con el cabello húmedo y una toalla envolviéndole el cuerpo.
-¿le puedo ayudar en algo?
Iba a decir algo pero no podría formar palabras coherentes. Se puso la mano frente a los ojos y giró la cabeza hacia otro lado.
-n-no, lo siento, Elizabeth… estaba… buscando algo.
Qué tarado se sentía ahora.
-sabe mi nombre –dijo ella, con una tierna sonrisa.
Y Ethan pensó que todas esas cosas sucias no podrían ser dichas por una voz tan dulce como esa, y las rodillas se le debilitaron.
-yo… disculpa.
Iba a darse la vuelta, pero una de las manos de ella bajó la suya de frente a su rostro, y él la miró, pasmado, la toalla se le había caído y la chica estaba completamente desnuda frente a él, ella lo tomó por la mejilla con una mano húmeda y lo besó dulcemente en los labios, breve y segura.
Ethan la empujó suavemente, sin abrir los ojos aún, aunque sus anteojos estuvieran tan empañados que no vería más que la sombra roja del cabello húmedo de Liz. Sacudió la cabeza y corrió, corrió de ahí.


Se encontró a Frank en uno de los pasillos, quien lo miró muy extrañado, Ethan, con el cabello revuelto y húmedo por el vapor, se soltaba la corbata, intentando con esto ayudarse a respirar.
-¿te pasa algo? –Le preguntó Frank.
-n-no –dijo Ethan, negando con la cabeza-, estoy bien.
-¿seguro? –Dijo Frank, acercándose a él, puso una mano en su hombro.
-sí, sí –dijo Ethan, fingiendo una sonrisa y quitando la mano de Frank de su hombro.
-hola, nene –dijo una linda voz al lado de Frank. Una chica de cabello oscuro y flequillo corto lo tomó de los hombros y lo besó apasionadamente unos instantes, luego Frank sonrió y miró a Ethan.
-¿estás seguro de que estás bien?
-sí –dijo Ethan, asintiendo.-, mejor me voy.
Ambos Frank y la chica se quedaron mirando a Ethan mientras éste caminaba rápido hacia la salida.


Un mes después.

Querido profesor Kath,
Anoche desperté con mi cuerpo cubierto de perlas de sudor soñando con nosotros. En el sueño nos encontrábamos en total abandono, perdiéndonos en pasión. Disfrutábamos del hermoso otoño entre las hojas del bosque cuando una ligera lluvia comenzó a caer. Mi uniforme estaba tan húmedo que decidimos cubrirnos bajo la copa de un árbol grande. Luego sentí sus labios acariciando mi oreja mientras desabotonaba mi saco con sus dedos. Mi corazón comenzaba a latir fuerte, y juro que era más fuerte que los truenos.
Marcó un camino de besos desde mi cuello y se detuvo mientras jugueteaba con mi pezón entre sus dientes. Con su pulgar acariciaba el otro pezón cuando sentí esta tormenta entre mis piernas.
Todo lo que pude hacer fue rendirme ante este deseo de estar por siempre con usted, presionó su cuerpo más cerca del mío y lo sentí firme. Me llené de excitación sintiendo que usted se sentía igual que yo.
Pudo haber una tormenta ahogando mis gritos de placer, pero la tormenta resonando dentro de mí era mayor. Cuando desperté, tuve que volver a mencionarle lo mucho que lo deseo. No puedo esperar hasta el momento en que me dé cuenta de que mi sueño empalidece comparado con el fuego que existirá entre nosotros.


Propiedad suya en cuerpo y alma,
xo


Las noches pasaban lento como se deslizaba una gota de rocío por el tronco de un árbol. Giraba y se retorcía en su cama mas no conciliaba el sueño. Tantas semanas así lo habían vuelto menos eficiente al trabajar y más propenso a alucinar cosas, la veía en todos lados, en el rabillo del ojo la veía tocarse mientras explicaba la clase, pero cuando giraba la cabeza, ella estaba inmóvil en su pupitre, seria y prestando atención.
-Sé quien eres –susurró en medio de la oscuridad de su habitación, mientras Lestat ronroneaba en sus piernas.






Era el último día de clases… su última oportunidad de decirle que sabía quién era.
Así que tomó la última carta, y la puso en su bolsillo.
Fue a donde las alumnas empacaban sus cosas para irse, y se acercó a Liz.
-hola –le dijo, tímidamente.
Ella se sorprendió tanto que dejó caer el saquito que llevaba en la mano. Ethan se inclinó y lo recogió para ella.
-hola profesor Kath –dijo ella, ruborizada.
Ambos se miraron unos segundos, ella sonriendo tímidamente.
-me gustaría hablar contigo unos minutos –dijo Ethan, nervioso-, digo, si no te molesta.
-no, no me molesta –dijo ella, dejando caer su maleta.
Fueron a un despacho y él cerró la puerta. Le puso llave. Liz estaba tarareando de contenta.
-te lo diré rápido –dijo él, cerrando los ojos, intentaría hacer lo que hacía siempre, hablar sin tapujos y claramente, para resolver las cosas.
-¿qué pasa, profesor? –Ella estaba con la espalda inclinada en su escritorio, los botones superiores de su blusa sueltos.
-ya no soy tu profesor.
-oh si –dijo ella, sonriendo.
-tú escribías notas para mí, ¿cierto? –Dijo, nervioso.
Ella abrió los ojos de par en par. No se podía imaginar cómo lo descubrió.
*****
Me miraba con ese rostro tierno de él, intentando estar serio, bloqueando el camino de la puerta para que yo no pudiera escapar del destino. Pero estaba casi segura de que este destino era lo que yo quería antes de volver a Londres con mi maldito padre, mi estúpida madre y los malagradecidos de mis hermanos.
-yo…
-¿sí?
-siempre quise, pero lamento que nunca le envié ninguna carta –dije, mirándolo a los ojos y sonriendo.
-¿segura? –Dijo él, desilusionado.
Yo no quería desilusionarlo. Así que decidí decirle la verdad. Suspiré.
-pasé mucho tiempo pensando en cómo podría hacerlo. Pensé que había olvidado el beso.
-pienso en eso a diario –dijo él, con los ojos entrecerrados, el rededor de sus ojos estaba enrojecido y ahora me daba cuenta que su rostro en general parecía de alguien a punto de morir.
-¿ha dormido bien, profesor?
-te dije que ya no soy tu profesor.
Sonreí intentando alegrarlo, pero por alguna razón parecía molesto.
-aún tengo todo lo que le escribí, puedo mostrárselo si quiere, pero si quiere que nunca más vuelva a dirigirle la palabra, lo entenderá –dije, tristemente.
-no… quédate –dijo, cambiando rápidamente la mirada, y sonriendo temblorosamente.
-está bien… yo… bueno –dije, nerviosa. No sabía qué quería, pero estaba asustándome, si quería hacerlo conmigo estaba más que dispuesta, pero había algo extraño en su forma de hablar y en sus expresiones de desvelo.
-mientes –dijo en voz baja.
-¿cómo?
-tú… estás mintiendo, dices que no me mostraste nada de lo que escribías. Pero ponías en mi escritorio una carta cada tres días. Dijiste miles de cosas sucias…
-no, profesor, realmente, yo… sólo déjeme ir por mi cuaderno –dije, sonriendo nerviosa.
-no.
Me tomó por los hombros y me besó violentamente, mordiendo mi labio inferior hasta que sangró. Di un grito pequeño enmudecido por los labios de Kath.
*****
Frank estaba aburrido, pero tenía qué esperar a la amiga de Delilah para irse.
Su novia estaba sentada en el suelo leyendo un cuaderno de notas que había sacado de la bolsa de Lizzie.
-¿qué lees? –Le preguntó él.
-mm, sólo los estúpidos poemas y cartas de amor que Lizzie le escribía al profesor Kath…
-¿estaba enamorada de él?
-sí –dijo Delilah, sonriendo-, escucha:


Mis manos te buscan
Mis brazos se estiran hacia ti.
Te siento en la punta de mis dedos
Mi lengua danza detrás de mis labios por ti.


Este fuego se alza dentro de mi ser,
Quemando, no estoy acostumbrada a verte.


Estoy viva, estoy viva.


Puedo sentirte todo alrededor de mí,
Engrosando el aire que respiro,
Aferrándote a lo que siento
Saboreando este corazón que se cura.


Mis manos flotan sobre mí,
Y tú susurras que me amas
Y yo empiezo a desaparecer,
Hacia nuestro lugar secreto…


Delilah siguió leyendo, y Frank parpadeaba, pensando y mirando hacia otros lados.
*****
Me empujó hacia el escritorio y sostuvo un abrecartas en mi cuello.
Mi respiración se agitó, pensé que bromeaba por un momento, hasta que vi sus ojos alterados.
-¿aún me amas?
-¿q-qué? Yo… sólo quería mostrarle…
-aún me amas –puso sus labios sobre los míos


La música me hace mecerme
Los ángeles cantan, dicen que estamos solos contigo
Yo estoy sola y ellos también contigo
Estoy viva, estoy viva…


Levantó mi falda, y bajó mi ropa interior.
Mordí mi labio, y él apretó el abrecartas contra mi cuello.
-no importa, s-si usted también me quiere… yo… no necesita tener eso en mi cuello. No le diré a nadie.
-tú lo querías así.
Lo sentí entre mis piernas y cerré mis ojos, separó el abrecartas de mi cuello por un momento. Sus dedos apretaban mis muslos lastimándome y una lágrima salió de mis ojos.
-no necesita hacer esto…


Así que lloro
La luz es blanca
Y te veo.
Estoy viva, estoy viva…
Te siento todo alrededor de mi,
Engrosando el aire que respiro,
Aferrándote a lo que siento
Saboreando este corazón que se cura.


-profesor –dije entre jadeos, estirando mi mano hacia su corbata, en un intento desesperado por llamar su atención. Me estaba lastimando, el abrecartas en su mano estaba perforando la piel de mi pierna y había un hilo de sangre que manaba hacia el suelo mientras me tomaba con violencia-, duele…
Una lágrima resbaló por mi mejilla. No era así como lo imaginaba. Entre mis quejas y pataletas quitó mi mano de un golpe y se inclinó hacia mí. Volvió a morderme, esta vez en el cuello, haciéndome sangrar.
Grité.


Toma mi mano,
Te la estoy dando,
Ahora eres mío,
Todo lo que soy.
Dijiste que no me dejarías jamás
Te creo…
Creo…




-¿qué fue eso? –Delilah se detuvo en su lectura y giró la cabeza hacia el pasillo que dirigía a la oficina de Kath.
Frank apretó los ojos, maldiciendo en voz baja.
-maldita zorra pelirroja.
-¿Frank? –Dijo Delilah, bajando el cuaderno de notas-. ¿Qué pasa, Frankie?
-yo…
-¿qué?
Otro grito se escuchó en la lejanía, Delilah hizo una mueca, mirando hacia el pasillo.
-que soy un estúpido –dijo Frank, sacando un pañuelo de su bolsillo y limpiando el sudor de su frente. Quería decirle que todo era mentira, una broma, y los imaginó cogiendo en el suelo. Sus cartas, nunca especificó… Nunca dijo…
Estoy viva…
Nunca…
El deseo inmoral. Frank lo amaba desde el primer momento en que lo vio.
La inseguridad, los anteojos, el ser pretencioso que sólo estudiaba y estudiaba, no se reía de sus chistes, no se divertía, sólo lo invitó a una fiesta, casi a la fuerza, lo hizo tomar para que se soltara, y ahí lo atacó a besos, lo abrazó contra él y le dijo que lo amaba. Ethan simplemente se desmayó y jamás recordó nada.


*****
-¡escribías para mí!
-¡sí! –Dije, llorando, ahora el abrecartas afilado estaba en mi cuello de nuevo, y tenía una pequeña cortada-, ¡pero me arrepiento de todo! ¡Déjeme ir!
-¿por qué me mientes?
-¡no estoy mintiendo! ¡Tengo miedo!
Los ojos de él se abrieron de par en par.
-yo también tengo miedo.
Sentí un frío glaciar entrando en mi garganta y dejé de respirar mientras la visión borrosa de Ethan Kath se desvanecía frente mis ojos.
-¡Te amo!
Frank abrió la puerta de la oficina encontrándose con un rojo desenlace… puso su mano sobre su boca al ver a Ethan dejando caer al suelo un abrecartas y gotas de sangre, y las piernas de la chica colgando del escritorio, blancas y muertas.
Fin.

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