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snow
25 diciembre 2011
Capítulo 16: I Was Made of Glass
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Capítulo 16
Persephone
Comenzó a llover justo a la salida, ellas seguían juntas, sus amigos propusieron ir a comer pizza y subieron corriendo a la parte de atrás del jeep de Byron. Katie las miró alejándose corriendo cubriéndose las cabezas con un suéter mientras se perdían de vista y el auto de Byron avanzaba, las voces de los muchachos en la parte de atrás del jeep lograron distraerla, hasta que Diana le preguntó a Katie:
-por cierto, ¿qué fue eso que pasó con tu hermana, Katie?
-sí, ¿qué hizo? –Dijo alguien más.
Byron la miró de reojo mientras conducía.
-está enamorada de la maldita zorra de Darcy.
-entonces es cierto. Tu hermana es lesbiana –Dijo Diana.
Katie calló por un momento, respiró profundo y contestó.
-sólo cállense al respecto, ¿sí?
Algunos hicieron sonidos de exclamación.
-¿en serio?
Katie miró por la ventana con ojos enfurecidos.
-está pasando por una fase –Cortó la gemela-. Luego será igual que antes.
Byron la miró de nuevo, estaba incomodado, pero no dijo nada.
-¿quieres que les hagamos algo?
Katie los miró y todos se quedaron petrificados. Luego se volvió a recargar en su asiento y miró hacia el frente.
-pueden hacer lo que quieran.
-esto le va a encantar a Tiffany –Dijo Diana sacando su celular y escribiendo un mensaje de texto velozmente.
-si no quieres a tu hermana con esa tonta, te vamos a ayudar, Katie –dijo uno de los muchachos.
Katie fingió una sonrisa.
-sí, podemos arruinarla. Que se vaya, y nunca vuelva si quieres.
-¿nunca?
-¿recuerdas a Myriam Johns?
Katie pensó un poco. Volvieron a ella escenas de una chica que lloraba desconsoladamente en medio del piso de la cafetería embarrada de puré de papas, granos de maíz y trocitos de pan mientras alrededor volaban fotografías de ella, algún tiempo atrás, cuando solía ser una niña muy obesa a la que expulsaron de una escuela por comerse un pastel entero que era para los maestros. Myriam era delgada en ese tiempo, pero por alguna razón alguien había decidido destruirle la vida recordándole su traumático pasado y exponiéndolo a todos para que se burlaran. Era una amarga revelación.
-¿Qué hizo ella?
-usó el mismo vestido que Tiffany en la graduación de los veteranos hace dos años –Dijo Diana- cuando Tiffany le pidió que se lo quitara, ella se rió, luego Tiffany la empujó y Myriam le tiró el ponche encima, luego le dijo que ahora a ella le quedaba mejor y se burló en su cara. Fue humillante para Tiff.
-a nadie le queda mejor la ropa que a Tiffany –murmuró uno de los muchachos.
Katie se quedó callada, mirando la lluvia caer por la ventana. Byron se removió en su asiento, incómodo, Katie lo miró y volvió la vista al frente.
-Myriam no volvió.
-¿fueron ustedes? –Preguntó Katie, poniéndose el cabello detrás de la oreja.
-¿Quién más? Tiffany no iba a dejar las cosas así. Nos hizo investigarla.
-¿dónde está ella ahora? –La voz de Katie era totalmente inexpresiva.
-quien sabe, dicen que no sale de casa más que para ir al psicólogo. O tal vez se fue de la ciudad.
*****
“Ella va a estar mejor” pienso al observar la porcelana blanca pintarse nuevamente de rojo y mis pecados huyendo por el drenaje.
Ese amor que algunas veces, siento que nunca ha existido, repentinamente arde en mi corazón y es muy tarde para hacer algo, porque ella ya debe haberme superado. Ya no soy nada.
Tomé la toalla que escondía bajo el lavabo y cubrí la herida, mirando mi rostro en el espejo, había empalidecido pero daba resultado, apareció una sonrisa en mi rostro.
Persephone se ha ido. Esta vez para siempre.
*****
-tus ojos, se ven distintos –susurró con una sonrisa.
Enarqué las cejas un poco, confundida, luego me acerqué mano a la cara y me quité el lente de contacto con cuidado, parpadeando, luego miré a los ojos a Darcy, quien me escudriñaba de cerca.
-tu ojo azul es distinto, como si hubiera cambiado de col…
La interrumpí con un pequeño beso inocente, y la abracé.
-¿a quién le escribías todos esos poemas en la pared?
Observé con los ojos entornados la pared del fondo, un mural tallado sobre la madera, decenas de pequeños versos tristes y dulces, como Darcy.
La escuché resoplar entrecortadamente.
-podemos quedarnos aquí en la oscuridad cuanto tiempo queramos, porque es nuestra, Mattie –susurró.
Con sus dedos pasó un mechón de cabello detrás de mi oreja.
*****
La arcada no sacó nada, pero los espasmos sacudían su cuerpo, y sabía que debía haber algo que podría vomitar, pero no, era sólo el dolor y la temblorina en sus manos.
-perdón, no pude llegar antes, alguien del grupo sacó wiski y tuve que llevar a la mitad de ellos a sus casas porque estaban ebrios. ¿Cómo estás?
-jodido –murmuró alegre.
Byron caminó rápido hacia el baño y se agachó junto a su hermano, el chico de la bata blanca, cada vez más delgado, cuyos cabellos se debilitaban y cuyas manos temblaban, pero no dejaba de sonreír. Katie dio unos pasitos dudosos dentro de la habitación del hospital.
-¿ya me llevas?
-si prometes no echar la bilis en los asientos del auto –dijo Byron, sonriendo con tristeza.
Luke dio una pequeña mirada hacia atrás a Katie y luego volvió la vista al retrete, avergonzado.
-¿cómo puedes dejar que me vea así?
-soy Katie –murmuró ella.
-…sigues siendo una chica.
Se acomodó la parte trasera de la bata sin voltear.
-estoy desnudo debajo de esto, no es que pudiera evitarlo, por favor no me mires el trasero.
-ven, levántate. El piso está muy frío.
Los dos hermanos se levantaron y Katie se quitó del camino de la puerta. Luke se ayudó de su hermano para caminar con los pies descalzos hacia la cama. Se dejó caer hacia atrás una vez sentado en la orilla y Byron comenzó a sacar su ropa de una mochila que estaba en una silla.
-por tu cara veo que no estás muy contenta con tu hermana –dijo Luke con los ojos entornados hacia Katie, ella sólo resopló.
-no te preocupes por ella. Está comportándose como una inmadura.
-espero no haberla asustado la última vez que la vi… pensé que tu papá la había descubierto con lo de la hierba o algo así.
-Mattie ha hecho cosas peores.
Luke soltó una risilla mientras Byron le ayudaba a ponerse la ropa interior y luego le ayudaba a sentarse.
-vendrá a verte pronto. Te lo prometo. Dejará de actuar como una tonta y…
-déjate de eso ya, Katie –la regañó Byron, desatando los cordones en la espalda de la bata de Luke.
Se quedaron en silencio unos momentos. Del ojo naturalmente azul de Katie brotó una lágrima, pero no sollozó.
-los esperaré aquí afuera, ¿de acuerdo?
No esperó a que contestaran y salió del cuarto con pequeños pasos rápidos.
-¿qué pasó entre ellas? ¿Está bien Matts? –Dijo Luke sin mirar a su hermano.
-sí… la inmadura es Katie –bajó el volumen de su voz-. No la deja en paz. No te preocupes por eso. Se van a contentar, así son las chicas.
Luke se puso su camiseta y se revolvió el cabello, luego se miró la mano.
-nada aún –murmuró.
-déjate la cabeza –le dijo cariñosamente su hermano menor, y le besó la coronilla.
Cuando terminó de ponerle los tenis, Byron lo ayudó también la levantarse de la cama y con cuidado caminar hacia fuera de la habitación, Katie los miró desde la orilla del pasillo, y asintió mientras los dos hermanos caminaban juntos para salir del hospital.
-¿Llovió? Vaya, me habría dado cuenta si mis arcadas me hubieran dejado escuchar –Dijo Luke mirando por la ventana mientras Katie y Byron se ponían los cinturones en la parte de adelante del Jeep.
-corta el drama, Luke –dijo Byron, y encendió la radio, música suave de alguien muy bueno con la guitarra comenzó a brotar de las bocinas.
Katie miraba hacia a ventana, en su rostro el rictus preocupado que heredó de su padre.
-¿qué estarán haciendo? –Susurró.
-deja de pensar en ellas. En serio, Katie. Te estás volviendo molesta.
Katie lo miró con el entrecejo fruncido.
-no entiendes.
-¿qué? –Dijo Byron, dándole una mirada de reproche.
Si, más valía que se callara. Luke no sabía lo de Mattie.
-¿podemos pasar por un helado? –Dijo Luke en el asiento de atrás.
-¿estás seguro que quieres uno?
-si… me siento bien.
Byron dio vuelta en la heladería y entró por el carril de servicio a automóviles, en eso Katie miró a su hermana gemela caminando por la acera, cruzada de brazos .
-esa perra…
Katie se bajó de auto en movimiento, que aunque no llevara una velocidad relevante, asustó a Byron.
-¡Katie! –Chilló el muchacho, frenando bruscamente.
Mattie se detuvo y su hermana se detuvo a un metro de ella. Ambas se miraron por unos momentos a los ojos, serias.
-súbete la auto, Tilda –dijo Katie, casi sin mover los labios.
Mattie negó con la cabeza.
-tienes qué venir a casa.
-no voy a ir contigo.
-¿qué te crees?
-¿qué te crees tú?
-deja de ser tan idiota, Mattie.
-la idiota eres tú. No puedes, aceptar que alguien me quiera, es lo que te pasa.
Katie se mojó los labios y suavizó la mirada.
-sube al auto, Mattie. Te llevaré a casa. Por favor.
Mattie miró hacia el auto, su mirada se encontró con la de Luke, quien sonreía desde la ventana sin razón aparente, luego caminó pasando a Katie y subió al auto. Katie respiró profundo y se dio media vuelta, para seguir a su hermana.
Luke se movió para darle espacio a Mattie, ella no alzó la vista, tenía el cabello aún húmedo pero usaba otra ropa que no era el uniforme, a diferencia de Katie, traía una blusita blanca, un suéter rojo y una falda de color claro, estaba temblando de frío, y se sorbió los mocos.
-hola Matts.
Miró a Luke y luego volvió a bajar la vista.
-¿me dejas abrazarte? No soporto verte temblar.
Ella no pronunció palabra, pero asintió tras unos segundos, entonces Luke se acercó a ella y la rodeó con un brazo, acercándola a él, Mattie se recargó en su hombro mientras Byron pagaba los helados y le pasaba uno a Katie, se giró para mirar a Luke, quien tenía los ojos cerrados y su mejilla recargada en la coronilla de Mattie, suspiró y puso los helados en el portavasos junto al volante, luego movió la palanca de velocidad y arrancó el jeep despacio.
*****

Decir lo siento no iba a bastar, hasta ahorita se fijaba cuántas horas habían sido, la tormenta había dejado sin electricidad la casa y la habitación estaba casi en penumbras, salvo por el resplandor anaranjado del pasillo iluminado por velas pequeñas.
-dijiste que volverías temprano –dijo con voz trémula y baja, para no despertar a las niñas.
-no llores, por favor… yo…
-¿lo sientes? ¿Crees que eso ayudará?
Un rayo tronó en la ventana.
Las lágrimas rodaban por las mejillas tersas de la mujer, se llevó la mano al rostro y dio un sollozo.
-Anju –dijo Gerard, y la abrazó, ella lo empujó y se dio la vuelta, siguió llorando, con una mano sobre una de las cunas.
Gerard se sentí pesado, mareado, y miró hacia atrás, caminó tambaleándose y chocó contra el mueble junto a la puerta, se escuchó el sonido del vidrio rompiéndose tras otro sollozo de Anju.
-vas a limpiar eso, cuando estés sobrio.
Gerard se giró y miró al suelo, trozos de una estatuilla de cristal que le había regalado a sus hijas yacía hecha añicos en el suelo, las astillas brillaban con la luz de las velas del pasillo, se agachó y tomó una astilla alargada, se levantó la manga de la camisa y encajó el trozo de vidrio justo debajo de su palma, la sangre brotó como si hubieran abierto una llave, y su mano tembló.
-Anju… por favor… acepta esto –dijo con voz temblorosa, mirando a la madre de las niñas.
La muchacha se volteó con los ojos inundados en lágrimas, los cuales abrió de par en par al mirar la profunda herida sangrante en la muñeca de su novio.
-¿¡QUÉ HAS HECHO!?
En seguida se soltó el listón de la falda y trató de cubrir la herida de Gerard, llorando.
-¡sólo di que lo aceptas! ¡y todo va a estar mejor!
-¡¿De qué hablas?! ¡Mira lo que te has hecho!
Una de las gemelas se despertó y comenzó a llorar, poco después la otra la siguió.
Anju dio un grito desesperado intentando parar la sangre del brazo de Gerard, se quitó el suéter y envolvió la herida.
-¡nada funciona! –Lloró ella-, ¡estúpido, estúpido, estúpido!
Golpeó con la mano abierta el rostro de Gerard varias veces y luego cayó al suelo, mirando el charco de sangre frente a ella.
-¿por qué?
-¿lo aceptas? Sólo di que lo haces.
-lo acepto.
Las niñas dejaron de llorar y Anju miró hacia arriba. Sus ojos azules se encontraron con los de Gerard y se puso de nuevo en pie.
-¿por qué me haces esto?
-perdóname… Anju. Jamás lo volveré a hacer.
Se miraron a los ojos por unos momentos. Luego ella quitó la tela ensangrentada del brazo de él y besó la herida gentilmente, la sangre dejó de brotar instantáneamente.
Gerard se sorprendió y miró a Anju, quien miraba la herida con tristeza, las lágrimas no dejaban de brotar de sus ojos y sus labios estaban manchados de sangre.
-te perdono –susurró-, te perdono, Gerard.
Se limpió los labios con el dorso de la mano y se giró para mirar a las niñas, plácidamente dormidas en medio de la tormenta tempestuosa que seguía azotando fuera de la casa.
*****
Ardía, pero la sangre había dejado de brotar sorpresivamente rápido, tal como aquella noche. La herida había aprendido a derramar sólo suficiente sangre para perdonar, sólo tenía qué cortar donde mismo, la cicatriz en diagonal de mi muñeca izquierda.
Oculté mi muñeca con la manga de mi camisa y fui al estudio después de servirme una taza de café. Comencé a dibujar al tiempo que ponía reproducir a mi i-pod y recargaba con suavidad mi mano izquierda sobre el escritorio. Escuché que la puerta de entrada se abrió de golpe y miré por la rendija de la puerta entreabierta a mis hijas entrando a la casa.
-¡hey, niñas!
Ambas parecieron ignorarme y subieron en silencio las escaleras. Algo que me molestaba de que se parecieran tanto a mí es que cuando están concentradas en sus asuntos parecen ignorar todo el mundo a su alrededor, justo como yo, y debo entenderlo. Aunque no quiera.
Seguí dibujando, a pesar de tener muchísima curiosidad por saber por qué están enojadas las gemelas.
-¡JÓDETE!
Y una puerta se azotó en el piso de arriba.
No sonaba como Katie así que supuse que fue Mattie. Para gritar así debe estar molesta.
La curiosidad crece.
Ya está.
Dejé el lápiz sobre el escritorio y corrí escaleras arriba, ambas habitaciones estaban cerradas, toqué dos veces la puerta de Katie y la abrí despacio, se estaba cambiando el vendaje parada frente a su tocador.
-¿qué pasa? Oí gritar a Mattie, ¿están molestas por algo?
-¿por qué no le preguntas a ella, papá? –Contestó con tono molesto.
-¿estás enojada conmigo?
-¿por qué estaría molesta contigo? Sólo estoy molesta, ¿puedes cerrar la puerta? Estoy ocupada, si no te das cuenta.
Fruncí el entrecejo y cerré la puerta saliendo de la habitación de Katie, luego miré la puerta de Mattie, un pedazo de madera oscura sin fotografías ni estampas ni nada comparado a la puerta de Katie.
Toqué dos veces.
Luego otras dos veces.
-pasa –escuché del otro lado, después de un suspiro.
Abrí la puerta y vi a mi hija tumbada sobre su cama, con un videojuego portátil en las manos. Había algo extraño sobre la ropa que traía, era conocida, pero no recordaba específicamente a Mattie usándola.
-um, ¿qué sucede? ¿Por qué gritaste?
Mattie se quedó en silencio, jugando, pero cambió el gesto.
-hm, claro. A mí qué me importa. Nunca te pregunto nada de tus asuntos, ¿por qué me habrían de interesar ahora?... como sea, si quieres hablar yo…
Mattie me miró y bajó el juego.
-lo que sea.
Asentí y me giré para ir hacia la puerta.
-estoy con alguien y a Katie no le cae bien. Ha sido una perra sobre ello y ya no la soporto.
Me detuve y me volteé para mirarla.
-¿por qué?
Mattie resopló y desvió la mirada.
-e… es una chica –dijo casi en un susurro.
-oh –murmuré, y me senté sobre la cama, junto a ella- ¿en serio es por eso?
Me miró con temor.
-es porque dice que tiene una mala reputación. Que es una zorra. Pero no es así. Katie sólo está celosa y molesta porque no estoy con Luke, me gusta Luke, pero… no lo comprende.
Mattie se abrazó las piernas y miró hacia abajo.
Nunca se habría abierto así para mí, y no podría dejar que dejara de hablar. Era un gran progreso para mí como padre.
-yo… creo que Katie debería dejar que estés con quien quieras.
*****
No podía creer lo que estaba pasando, le contaba a mi padre sobre mis cosas, cuando apenas le hablo. Se sentía bien, era como tener un amigo en medio de toda esta basura que me pasaba (que era sólo la ausencia de Frank, a decir verdad). Todos lo adoran, pero nadie ha tenido la perspectiva de él que yo tengo.
¿En verdad estaba poniéndose de mi lado en ves del de Katie?
-¿en serio? ¿No importa que sea una chica? –Dije sin mirarlo.
Papá soltó una risilla.
-¿por qué preguntarías eso? No seas ridícula, Tilda –dijo con una sonrisa-, no me gusta verlas molestas. Prefiero cuando se unen contra mí –sonrió más aún y me tocó una mejilla-, tu mamá siempre dijo que ustedes tendrían la más bonita de las sonrisas, y no se equivocó.
No suprimí el gesto en mi rostro, como lo habría hecho en otra ocasión.
Lo miré.
Mi padre me miró a los ojos y suspiró.
-estás resfriada. Es mejor que te mantengas en casa y ya no salgas al frío.
Se puso de pie y cuando estaba en la puerta le dije en voz baja:
-gracias, papá. Por… escuchar.
Me miró y asintió antes de salir por la puerta.
Capítulo 16
Persephone
Comenzó a llover justo a la salida, ellas seguían juntas, sus amigos propusieron ir a comer pizza y subieron corriendo a la parte de atrás del jeep de Byron. Katie las miró alejándose corriendo cubriéndose las cabezas con un suéter mientras se perdían de vista y el auto de Byron avanzaba, las voces de los muchachos en la parte de atrás del jeep lograron distraerla, hasta que Diana le preguntó a Katie:
-por cierto, ¿qué fue eso que pasó con tu hermana, Katie?
-sí, ¿qué hizo? –Dijo alguien más.
Byron la miró de reojo mientras conducía.
-está enamorada de la maldita zorra de Darcy.
-entonces es cierto. Tu hermana es lesbiana –Dijo Diana.
Katie calló por un momento, respiró profundo y contestó.
-sólo cállense al respecto, ¿sí?
Algunos hicieron sonidos de exclamación.
-¿en serio?
Katie miró por la ventana con ojos enfurecidos.
-está pasando por una fase –Cortó la gemela-. Luego será igual que antes.
Byron la miró de nuevo, estaba incomodado, pero no dijo nada.
-¿quieres que les hagamos algo?
Katie los miró y todos se quedaron petrificados. Luego se volvió a recargar en su asiento y miró hacia el frente.
-pueden hacer lo que quieran.
-esto le va a encantar a Tiffany –Dijo Diana sacando su celular y escribiendo un mensaje de texto velozmente.
-si no quieres a tu hermana con esa tonta, te vamos a ayudar, Katie –dijo uno de los muchachos.
Katie fingió una sonrisa.
-sí, podemos arruinarla. Que se vaya, y nunca vuelva si quieres.
-¿nunca?
-¿recuerdas a Myriam Johns?
Katie pensó un poco. Volvieron a ella escenas de una chica que lloraba desconsoladamente en medio del piso de la cafetería embarrada de puré de papas, granos de maíz y trocitos de pan mientras alrededor volaban fotografías de ella, algún tiempo atrás, cuando solía ser una niña muy obesa a la que expulsaron de una escuela por comerse un pastel entero que era para los maestros. Myriam era delgada en ese tiempo, pero por alguna razón alguien había decidido destruirle la vida recordándole su traumático pasado y exponiéndolo a todos para que se burlaran. Era una amarga revelación.
-¿Qué hizo ella?
-usó el mismo vestido que Tiffany en la graduación de los veteranos hace dos años –Dijo Diana- cuando Tiffany le pidió que se lo quitara, ella se rió, luego Tiffany la empujó y Myriam le tiró el ponche encima, luego le dijo que ahora a ella le quedaba mejor y se burló en su cara. Fue humillante para Tiff.
-a nadie le queda mejor la ropa que a Tiffany –murmuró uno de los muchachos.
Katie se quedó callada, mirando la lluvia caer por la ventana. Byron se removió en su asiento, incómodo, Katie lo miró y volvió la vista al frente.
-Myriam no volvió.
-¿fueron ustedes? –Preguntó Katie, poniéndose el cabello detrás de la oreja.
-¿Quién más? Tiffany no iba a dejar las cosas así. Nos hizo investigarla.
-¿dónde está ella ahora? –La voz de Katie era totalmente inexpresiva.
-quien sabe, dicen que no sale de casa más que para ir al psicólogo. O tal vez se fue de la ciudad.
*****
“Ella va a estar mejor” pienso al observar la porcelana blanca pintarse nuevamente de rojo y mis pecados huyendo por el drenaje.
Ese amor que algunas veces, siento que nunca ha existido, repentinamente arde en mi corazón y es muy tarde para hacer algo, porque ella ya debe haberme superado. Ya no soy nada.
Tomé la toalla que escondía bajo el lavabo y cubrí la herida, mirando mi rostro en el espejo, había empalidecido pero daba resultado, apareció una sonrisa en mi rostro.
Persephone se ha ido. Esta vez para siempre.
*****
-tus ojos, se ven distintos –susurró con una sonrisa.
Enarqué las cejas un poco, confundida, luego me acerqué mano a la cara y me quité el lente de contacto con cuidado, parpadeando, luego miré a los ojos a Darcy, quien me escudriñaba de cerca.
-tu ojo azul es distinto, como si hubiera cambiado de col…
La interrumpí con un pequeño beso inocente, y la abracé.
-¿a quién le escribías todos esos poemas en la pared?
Observé con los ojos entornados la pared del fondo, un mural tallado sobre la madera, decenas de pequeños versos tristes y dulces, como Darcy.
La escuché resoplar entrecortadamente.
-podemos quedarnos aquí en la oscuridad cuanto tiempo queramos, porque es nuestra, Mattie –susurró.
Con sus dedos pasó un mechón de cabello detrás de mi oreja.
*****
La arcada no sacó nada, pero los espasmos sacudían su cuerpo, y sabía que debía haber algo que podría vomitar, pero no, era sólo el dolor y la temblorina en sus manos.
-perdón, no pude llegar antes, alguien del grupo sacó wiski y tuve que llevar a la mitad de ellos a sus casas porque estaban ebrios. ¿Cómo estás?
-jodido –murmuró alegre.
Byron caminó rápido hacia el baño y se agachó junto a su hermano, el chico de la bata blanca, cada vez más delgado, cuyos cabellos se debilitaban y cuyas manos temblaban, pero no dejaba de sonreír. Katie dio unos pasitos dudosos dentro de la habitación del hospital.
-¿ya me llevas?
-si prometes no echar la bilis en los asientos del auto –dijo Byron, sonriendo con tristeza.
Luke dio una pequeña mirada hacia atrás a Katie y luego volvió la vista al retrete, avergonzado.
-¿cómo puedes dejar que me vea así?
-soy Katie –murmuró ella.
-…sigues siendo una chica.
Se acomodó la parte trasera de la bata sin voltear.
-estoy desnudo debajo de esto, no es que pudiera evitarlo, por favor no me mires el trasero.
-ven, levántate. El piso está muy frío.
Los dos hermanos se levantaron y Katie se quitó del camino de la puerta. Luke se ayudó de su hermano para caminar con los pies descalzos hacia la cama. Se dejó caer hacia atrás una vez sentado en la orilla y Byron comenzó a sacar su ropa de una mochila que estaba en una silla.
-por tu cara veo que no estás muy contenta con tu hermana –dijo Luke con los ojos entornados hacia Katie, ella sólo resopló.
-no te preocupes por ella. Está comportándose como una inmadura.
-espero no haberla asustado la última vez que la vi… pensé que tu papá la había descubierto con lo de la hierba o algo así.
-Mattie ha hecho cosas peores.
Luke soltó una risilla mientras Byron le ayudaba a ponerse la ropa interior y luego le ayudaba a sentarse.
-vendrá a verte pronto. Te lo prometo. Dejará de actuar como una tonta y…
-déjate de eso ya, Katie –la regañó Byron, desatando los cordones en la espalda de la bata de Luke.
Se quedaron en silencio unos momentos. Del ojo naturalmente azul de Katie brotó una lágrima, pero no sollozó.
-los esperaré aquí afuera, ¿de acuerdo?
No esperó a que contestaran y salió del cuarto con pequeños pasos rápidos.
-¿qué pasó entre ellas? ¿Está bien Matts? –Dijo Luke sin mirar a su hermano.
-sí… la inmadura es Katie –bajó el volumen de su voz-. No la deja en paz. No te preocupes por eso. Se van a contentar, así son las chicas.
Luke se puso su camiseta y se revolvió el cabello, luego se miró la mano.
-nada aún –murmuró.
-déjate la cabeza –le dijo cariñosamente su hermano menor, y le besó la coronilla.
Cuando terminó de ponerle los tenis, Byron lo ayudó también la levantarse de la cama y con cuidado caminar hacia fuera de la habitación, Katie los miró desde la orilla del pasillo, y asintió mientras los dos hermanos caminaban juntos para salir del hospital.
-¿Llovió? Vaya, me habría dado cuenta si mis arcadas me hubieran dejado escuchar –Dijo Luke mirando por la ventana mientras Katie y Byron se ponían los cinturones en la parte de adelante del Jeep.
-corta el drama, Luke –dijo Byron, y encendió la radio, música suave de alguien muy bueno con la guitarra comenzó a brotar de las bocinas.
Katie miraba hacia a ventana, en su rostro el rictus preocupado que heredó de su padre.
-¿qué estarán haciendo? –Susurró.
-deja de pensar en ellas. En serio, Katie. Te estás volviendo molesta.
Katie lo miró con el entrecejo fruncido.
-no entiendes.
-¿qué? –Dijo Byron, dándole una mirada de reproche.
Si, más valía que se callara. Luke no sabía lo de Mattie.
-¿podemos pasar por un helado? –Dijo Luke en el asiento de atrás.
-¿estás seguro que quieres uno?
-si… me siento bien.
Byron dio vuelta en la heladería y entró por el carril de servicio a automóviles, en eso Katie miró a su hermana gemela caminando por la acera, cruzada de brazos .
-esa perra…
Katie se bajó de auto en movimiento, que aunque no llevara una velocidad relevante, asustó a Byron.
-¡Katie! –Chilló el muchacho, frenando bruscamente.
Mattie se detuvo y su hermana se detuvo a un metro de ella. Ambas se miraron por unos momentos a los ojos, serias.
-súbete la auto, Tilda –dijo Katie, casi sin mover los labios.
Mattie negó con la cabeza.
-tienes qué venir a casa.
-no voy a ir contigo.
-¿qué te crees?
-¿qué te crees tú?
-deja de ser tan idiota, Mattie.
-la idiota eres tú. No puedes, aceptar que alguien me quiera, es lo que te pasa.
Katie se mojó los labios y suavizó la mirada.
-sube al auto, Mattie. Te llevaré a casa. Por favor.
Mattie miró hacia el auto, su mirada se encontró con la de Luke, quien sonreía desde la ventana sin razón aparente, luego caminó pasando a Katie y subió al auto. Katie respiró profundo y se dio media vuelta, para seguir a su hermana.
Luke se movió para darle espacio a Mattie, ella no alzó la vista, tenía el cabello aún húmedo pero usaba otra ropa que no era el uniforme, a diferencia de Katie, traía una blusita blanca, un suéter rojo y una falda de color claro, estaba temblando de frío, y se sorbió los mocos.
-hola Matts.
Miró a Luke y luego volvió a bajar la vista.
-¿me dejas abrazarte? No soporto verte temblar.
Ella no pronunció palabra, pero asintió tras unos segundos, entonces Luke se acercó a ella y la rodeó con un brazo, acercándola a él, Mattie se recargó en su hombro mientras Byron pagaba los helados y le pasaba uno a Katie, se giró para mirar a Luke, quien tenía los ojos cerrados y su mejilla recargada en la coronilla de Mattie, suspiró y puso los helados en el portavasos junto al volante, luego movió la palanca de velocidad y arrancó el jeep despacio.
*****

Decir lo siento no iba a bastar, hasta ahorita se fijaba cuántas horas habían sido, la tormenta había dejado sin electricidad la casa y la habitación estaba casi en penumbras, salvo por el resplandor anaranjado del pasillo iluminado por velas pequeñas.
-dijiste que volverías temprano –dijo con voz trémula y baja, para no despertar a las niñas.
-no llores, por favor… yo…
-¿lo sientes? ¿Crees que eso ayudará?
Un rayo tronó en la ventana.
Las lágrimas rodaban por las mejillas tersas de la mujer, se llevó la mano al rostro y dio un sollozo.
-Anju –dijo Gerard, y la abrazó, ella lo empujó y se dio la vuelta, siguió llorando, con una mano sobre una de las cunas.
Gerard se sentí pesado, mareado, y miró hacia atrás, caminó tambaleándose y chocó contra el mueble junto a la puerta, se escuchó el sonido del vidrio rompiéndose tras otro sollozo de Anju.
-vas a limpiar eso, cuando estés sobrio.
Gerard se giró y miró al suelo, trozos de una estatuilla de cristal que le había regalado a sus hijas yacía hecha añicos en el suelo, las astillas brillaban con la luz de las velas del pasillo, se agachó y tomó una astilla alargada, se levantó la manga de la camisa y encajó el trozo de vidrio justo debajo de su palma, la sangre brotó como si hubieran abierto una llave, y su mano tembló.
-Anju… por favor… acepta esto –dijo con voz temblorosa, mirando a la madre de las niñas.
La muchacha se volteó con los ojos inundados en lágrimas, los cuales abrió de par en par al mirar la profunda herida sangrante en la muñeca de su novio.
-¿¡QUÉ HAS HECHO!?
En seguida se soltó el listón de la falda y trató de cubrir la herida de Gerard, llorando.
-¡sólo di que lo aceptas! ¡y todo va a estar mejor!
-¡¿De qué hablas?! ¡Mira lo que te has hecho!
Una de las gemelas se despertó y comenzó a llorar, poco después la otra la siguió.
Anju dio un grito desesperado intentando parar la sangre del brazo de Gerard, se quitó el suéter y envolvió la herida.
-¡nada funciona! –Lloró ella-, ¡estúpido, estúpido, estúpido!
Golpeó con la mano abierta el rostro de Gerard varias veces y luego cayó al suelo, mirando el charco de sangre frente a ella.
-¿por qué?
-¿lo aceptas? Sólo di que lo haces.
-lo acepto.
Las niñas dejaron de llorar y Anju miró hacia arriba. Sus ojos azules se encontraron con los de Gerard y se puso de nuevo en pie.
-¿por qué me haces esto?
-perdóname… Anju. Jamás lo volveré a hacer.
Se miraron a los ojos por unos momentos. Luego ella quitó la tela ensangrentada del brazo de él y besó la herida gentilmente, la sangre dejó de brotar instantáneamente.
Gerard se sorprendió y miró a Anju, quien miraba la herida con tristeza, las lágrimas no dejaban de brotar de sus ojos y sus labios estaban manchados de sangre.
-te perdono –susurró-, te perdono, Gerard.
Se limpió los labios con el dorso de la mano y se giró para mirar a las niñas, plácidamente dormidas en medio de la tormenta tempestuosa que seguía azotando fuera de la casa.
*****
Ardía, pero la sangre había dejado de brotar sorpresivamente rápido, tal como aquella noche. La herida había aprendido a derramar sólo suficiente sangre para perdonar, sólo tenía qué cortar donde mismo, la cicatriz en diagonal de mi muñeca izquierda.
Oculté mi muñeca con la manga de mi camisa y fui al estudio después de servirme una taza de café. Comencé a dibujar al tiempo que ponía reproducir a mi i-pod y recargaba con suavidad mi mano izquierda sobre el escritorio. Escuché que la puerta de entrada se abrió de golpe y miré por la rendija de la puerta entreabierta a mis hijas entrando a la casa.
-¡hey, niñas!
Ambas parecieron ignorarme y subieron en silencio las escaleras. Algo que me molestaba de que se parecieran tanto a mí es que cuando están concentradas en sus asuntos parecen ignorar todo el mundo a su alrededor, justo como yo, y debo entenderlo. Aunque no quiera.
Seguí dibujando, a pesar de tener muchísima curiosidad por saber por qué están enojadas las gemelas.
-¡JÓDETE!
Y una puerta se azotó en el piso de arriba.
No sonaba como Katie así que supuse que fue Mattie. Para gritar así debe estar molesta.
La curiosidad crece.
Ya está.
Dejé el lápiz sobre el escritorio y corrí escaleras arriba, ambas habitaciones estaban cerradas, toqué dos veces la puerta de Katie y la abrí despacio, se estaba cambiando el vendaje parada frente a su tocador.
-¿qué pasa? Oí gritar a Mattie, ¿están molestas por algo?
-¿por qué no le preguntas a ella, papá? –Contestó con tono molesto.
-¿estás enojada conmigo?
-¿por qué estaría molesta contigo? Sólo estoy molesta, ¿puedes cerrar la puerta? Estoy ocupada, si no te das cuenta.
Fruncí el entrecejo y cerré la puerta saliendo de la habitación de Katie, luego miré la puerta de Mattie, un pedazo de madera oscura sin fotografías ni estampas ni nada comparado a la puerta de Katie.
Toqué dos veces.
Luego otras dos veces.
-pasa –escuché del otro lado, después de un suspiro.
Abrí la puerta y vi a mi hija tumbada sobre su cama, con un videojuego portátil en las manos. Había algo extraño sobre la ropa que traía, era conocida, pero no recordaba específicamente a Mattie usándola.
-um, ¿qué sucede? ¿Por qué gritaste?
Mattie se quedó en silencio, jugando, pero cambió el gesto.
-hm, claro. A mí qué me importa. Nunca te pregunto nada de tus asuntos, ¿por qué me habrían de interesar ahora?... como sea, si quieres hablar yo…
Mattie me miró y bajó el juego.
-lo que sea.
Asentí y me giré para ir hacia la puerta.
-estoy con alguien y a Katie no le cae bien. Ha sido una perra sobre ello y ya no la soporto.
Me detuve y me volteé para mirarla.
-¿por qué?
Mattie resopló y desvió la mirada.
-e… es una chica –dijo casi en un susurro.
-oh –murmuré, y me senté sobre la cama, junto a ella- ¿en serio es por eso?
Me miró con temor.
-es porque dice que tiene una mala reputación. Que es una zorra. Pero no es así. Katie sólo está celosa y molesta porque no estoy con Luke, me gusta Luke, pero… no lo comprende.
Mattie se abrazó las piernas y miró hacia abajo.
Nunca se habría abierto así para mí, y no podría dejar que dejara de hablar. Era un gran progreso para mí como padre.
-yo… creo que Katie debería dejar que estés con quien quieras.
*****
No podía creer lo que estaba pasando, le contaba a mi padre sobre mis cosas, cuando apenas le hablo. Se sentía bien, era como tener un amigo en medio de toda esta basura que me pasaba (que era sólo la ausencia de Frank, a decir verdad). Todos lo adoran, pero nadie ha tenido la perspectiva de él que yo tengo.
¿En verdad estaba poniéndose de mi lado en ves del de Katie?
-¿en serio? ¿No importa que sea una chica? –Dije sin mirarlo.
Papá soltó una risilla.
-¿por qué preguntarías eso? No seas ridícula, Tilda –dijo con una sonrisa-, no me gusta verlas molestas. Prefiero cuando se unen contra mí –sonrió más aún y me tocó una mejilla-, tu mamá siempre dijo que ustedes tendrían la más bonita de las sonrisas, y no se equivocó.
No suprimí el gesto en mi rostro, como lo habría hecho en otra ocasión.
Lo miré.
Mi padre me miró a los ojos y suspiró.
-estás resfriada. Es mejor que te mantengas en casa y ya no salgas al frío.
Se puso de pie y cuando estaba en la puerta le dije en voz baja:
-gracias, papá. Por… escuchar.
Me miró y asintió antes de salir por la puerta.
17 diciembre 2011
Fin de año gamer
02 diciembre 2011
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